jueves, 20 de octubre de 2011

La Cultura en Villa Madero

El movimiento cultural de Villa Madero nace con los primeros asentamientos poblacionales. Las primitivas familias que se instalaron en la zona entre 1896 y 1900 se nucleaban en casas familiares con motivo de festejos varios amenizando la reunión algún integrante de la familia que ejecutara algún instrumento musical o practicara el canto o el recitado. Estos encuentros se realizaban en propiedades con terreno amplio que pudieran albergar al resto de las familias. En 1905 se funda en la zona la escuela numero 9, primera institución de la zona, la cual daría entidad propia al barrio.

En 1915 se funda la Sociedad de Fomento (segunda institución de la zona), la cual utilizaba el Salón Tapiales, perteneciente al Sr. Peuchot, en donde funcionaba la Sociedad de Fomento de Tapiales, ya que éste era el único salón de toda la zona.

En los primeros años, a falta de salones y lugares de encuentro, los bailes fueron realizados en carpas o cerramientos de arpillera, que se construían en lotes vacíos, o directamente en ranchos con piso de tierra, en los cuales, cuando el polvo comenzaba a subir, se paraba el baile, se mojaba la pista con agua... y se continuaba bailando. Así nacieron lugares legendarios como “La cueva del chancho” (existieron dos lugares con esta denominación, uno ubicado en la zona de Fournier y el otro en la zona de Av. Crovara), “El rancho de la Cambicha” (en el vecino pueblo de Tapiales), entre otros.

Relata Ismael Álvarez “El primer salón de Madero fue la Cueva del Chancho, que estaba cerca de Fournier. El segundo salón fue el 25 de Mayo, que estaba pegado al Asilo”[1]

En 1918, propiedad del Sr. Ordóñez, se funda el Salón Sarmiento[2], verdadera cuna cultural de nuestro barrio. Se encontraba ubicado en la esquina de las calles Paunero y Mariquita Thompsom (donde posteriormente se alojó el Club El Ciclón).

“Los bailes eran en el Salón Sarmiento. Yo tenia que ir con dos pares de zapatos, cuando llovía me llevaba un par de zapatos y después me los cambiaba porque sino se ensuciaba el piso del salón y teníamos que bailar”[3]

“Iban conjuntos de orquesta, iba mucha gente porque la juventud no tenía otra diversión”[4]

“Era un Salón grande, con un piso de madera, hermosos espejos, sillones, sillas, escenarios. Cuando se hacían los bailes, antiguamente, no había bailes todos los días, era los sábados y domingo. Y cuando decían hay baile un sábado, era una función de gala. La muchachada se guardaba el traje para ir al baile, no se lo ponía todos los días”[5]

“Se alquilaba o lo ofrecían para las fiestas de las escuelas. Había muchos festivales. Estaban los conjuntos vocacionales que hacían muy buen teatro”[6]

Los llamados “Festivales Artísticos y Danzantes” no eran otra cosa que verdaderas muestras culturales de la época. Estos, que se realizaban a beneficio de cooperadoras escolares y clubes, comenzaban con alguna representación teatral, o recital de poesía. En el Salón Sarmiento, era conocido el grupo de teatro vocacional “Florencio Sánchez”, que representaron “Viejo Rincón” de Villalba y Braga, y “El maestro Ciruela” de Alberto Ucisbach y Cesar Bourel, entre otras. Su director era el señor Ernesto Della Valle, y entre los integrantes podemos recordar a Antonio Ferrari, Zulema “Chola” Bettiga, Pedro Yañez, Manuel Reda, El Ruso Rey, Geronima Bonillo, Chocata Ciavatta, y Trinidad Yañez, entre otros.

Las instituciones que fueron apareciendo, en su mayoría clubes deportivos y recreativos, sociedades de fomento, etc., realizaban bailes y encuentros familiares, los cuales eran amenizados por orquestas en vivo, que venían triunfando en las radios de capital federal (recordemos la importancia social que ocupaba la radio durante el siglo XX hasta la aparición del televisor). Los números contratados, firmaban un contrato con la institución, en el cual se establecía el monto a cobrar y los porcentajes sobre las ganancias (cuando el artista poseía fama en los medios). Las poblaciones matanceras, no sólo asistía a estos espectáculos, sino que estaban atentos a que club o institución realizaba los bailes mejor organizados o con números artísticos más destacados. Estos eventos categorizaban a las instituciones logrando una feroz competencia entre ellas, por la convocatoria de mayor cantidad de gente.

Pero aparte de estas orquestas, cada barrio había formado la suya propia, ya que era común en esos tiempos que algún integrante de las familias se dedicara al estudio de la música ya sea la guitarra, el bandoneón, etc. Estos músicos, se fueron agrupando y formaron orquestas típicas que fomentaron el tango en todos los barrios matanceros y dieron origen así a grandes bailarines, cantantes y músicos: el bandoneonista Antonio Maggio y su típica, el pianista Aminto Vidal y su conjunto, y los guitarristas hermanos Nápole. Otro de los números que se repetían, eran los de Eugenia Rico, quien a los seis años de edad, en la década del 20, presentada por Manuel Bettiga, recitó su primera poesía en el Salón Sarmiento: “El negro Falucho”.

Otro grupo teatral que se conoció en la década del 40, fue el Conjunto de Dramas y Comedias Arte y Renovación de Villa Madero, que representaba distintas piezas como “La paz del señor”, “A la mujer hay que seguirla”, ambas de L. Valero, “Nicolás” de Eusebio Sierra, “Nuestros Chicos” de Leopoldo Valero, “¿Miedo yo?” de María de Donato, y “Alma Japonesa” de José y Enrique Marañon, entre otras.

CIUDAD MADERO Y EL SEPTIMO ARTE

Aunque parezca raro, el séptimo arte estuvo ligado a nuestro barrio desde sus orígenes. Una de las primeras películas argentinas que se filmo, “Unitarios y Federales”, se rodó íntegramente en los campos que conformaban Villa Madero y Aldo Bonzi.

En el año 1938, la Corporación Cinematográfica Argentina, bajo la producción de Luís Sandrini, viene a Villa Madero y filma la comedia “Bartolo tenia una flauta”. Dirigida por Antonio Botta, y con la actuación de Luís Sandrini. Esta película, es estrenada en el Cine Monumental el 9 de noviembre de 1939. En la película, no solo se pueden apreciar a los vecinos de Villa Madero, sino también las calles y edificios de Madero de antaño. Tanto Sandrini, como el resto del elenco utilizaban el bar de don Belarmino Vega para tomar alguna copita, ya que era el único lugar de estas características de la zona.

En el año 1950, la productora Establecimientos Filmadores Argentinos, viene a Villa Madero para filmar la comedia musical “Con la música en el alma”, dirigida por Luís Boyon Herrera, e interpretada por Francisco Canaro, Toscanito y Tito Lusiardo, entre otros. Algunas tomas de dicho film, fueron realizadas en el puente Federal, y en el almacén que se encuentra en la esquina de Av. Crovara y Álvarez . Se estreno en el Cine Normandie el 10 de enero de 1951.

Más tarde, en el año 1985, Sergio Renan viene con su productora a Villa Madero para filmar la película “Tacos Altos”, protagonizada por Susu Pecoraro. Se realizaron tomas de esta película en la calle la Bajada, detrás de la estación de trenes, junto a las barracas.

Si hablamos de Cine, no podemos olvidarnos de Floren Delbene. Este actor, nacido en Villa Madero, comenzó su carrera artística en el legendario Salón Sarmiento. Según cuentan los vecinos, la familia Delbene era muy adinerada, y sus hijos, Florencio Delbene entre ellos, se divertían pasando sus días en Capital Federal. Pero un día de mal tiempo, Florencio no pudo ir a la Ciudad Capital como lo hacia de costumbre, por lo que decidió pasear por su barrio. Es en ese paseo, cuando Florencio Delbene espía en el Salón Sarmiento a un grupo de aficionados ensayar una obra de teatro, muy típicas en ese entonces en el Salón Sarmiento. Al parecer, a Florencio le había gustado lo que vio, por lo que pidió al director de la obra, si no había algún papel para él. Este fue, el comienzo de una muy importante carrera artística, ya que Floren Delbene (seudónimo artístico) no sólo llegó a ser uno de los galanes de Cine más importantes de la República Argentina, sino que también de toda Latinoamérica.

Integró un “grupo teatral filodramático” al principio de los años 20, del que luego se convertiría en su director. En cine debutó en 1926 con la película muda “El Lobo de la Rivera”, realizada por Nelo Cosimi, quien fuera su descubridor.

Floren Delbene esta considerado el primer galán de trascendencia del Cine Argentino.

En las películas “Ayúdame a Vivir” y “Besos Brujos” comparte cartel con Libertad Lamarque, gracias a lo cual obtiene gran fama en América Latina.

Hacia fines de la década del 40, su estrellato comienza a menguar, pasando a destacarse en papeles secundarios.

De las películas en las que actuó podemos recordar:

Lo que le paso a Reynoso (1936), Amalia (1936), Ayúdame a Vivir (1936), Adiós Buenos Aires (1937), Sol de Primavera (1937), Muchachos de la Ciudad (1937), La vuelta de Rocha (1937), Besos Brujos (1937), Senderos de Fe (1938), El último encuentro (1938), Ambición (1939), Chimbela (1939), Cita en la Frontera (1940), La luna en el pozo (1942), Ponchos Azules (1942), Un atardecer de amor (1943), El misterio del cuarto amarillo (1946), Juan Moreira (1947), Pelota de trapo (1948), Danza del Fuego (1949), entre otras.

Otra estrella que llegará al cine seria la Srta. Jenny Rico, más conocida en el barrio como Eugenia Rico.

EUGENIA RICO, LA VOZ DE LA PRIMAVERA[7]

Eugenia Rico y San Sebastián nació en Bilbao, España, un 10 de octubre del año 1920.

A los dos años de edad sus padres, Lucia San Sebastián y Federico Rico del Río emigraron a la República Argentina. Su padre era Argentino criado en España, ya que su abuelo, un español socialista había emigrado a la Argentina por problemas políticos para luego regresar a su tierra natal.

Apenas llegaron de España, Eugenia y sus padres alquilaron una casita sobre la calle Bahía Blanca (hoy Gral. Paunero) en el pueblo de Villa Madero. Apenas bajaron del tren y salieron de la estación, vieron un extenso territorio despoblado, que se veía interrumpido por alguna que otra casita distante. La joven Eugenia le preguntó a su madre:

- ¿En donde empieza el pueblo?

Y el pueblo empezaba y terminaba allí. En Villa Madero, estaba todo por hacer.

El hogar de Eugenia estaba muy cerca del Salón Sarmiento, un lugar en el que se realizaban presentaciones artísticas y culturales. Fue en el año 1926 que el Presidente de la Sociedad de Fomento local, Don Manuel Betiga, la presentó en este Salón, con tan solo 6 años de edad para recitar la poesía gauchesca “El negro Falucho”. Ese día marcaría para Eugenia el comienzo de una larga carrera artística sobre los escenarios.

Durante sus estudios en la escuela numero 13, no había fiesta en la que no actuara, ni tampoco club, institución, o reunión familiar en la que no haya recitado sus poesías o demostrado sus dotes actorales. Desde su infancia fue la “artista del pueblo” como la denominó su gran amigo Ismael Álvarez.

Ya desde chica su madre la llevó a un casting que se realizó en la en Radio Municipal en donde debutó radialmente en “Cuentos Infantiles”. Posteriormente graba una canción para una película de Libertad Lamarque: “Justa del Saber”.

El 1 de agosto de 1941 ingresa al conjunto de Don Montiel (famoso conjunto artístico de radioteatro), labor que realiza hasta el año 1948.

En radio Mitre realiza su labor de actriz y locutora acompañada por Nelly Lainez, Nelly Prince, Guido Gorgati y Mario Clavel entre otros.

Eugenia fue una mujer atípica para su época, de firme y duro carácter contestaba con altivez cualquier consulta y no dudaba en hacer su vida sin dar explicaciones por ello a nadie. Con tan solo 24 años trabajaba en la Capital Federal, en el ambiente artístico, ganando un sueldo superior al de su padre. Para muchos en Villa Madero esto no estaba bien visto. Solía repetir una frase del Gral. San Martín “Serás lo que debas ser... o no serás nada”.

En la década del 40 el gran director argentino Mario Soficci la elige en un casting entre 150 concursantes, para representar a la primavera en la película “Cuando la primavera se equivoca”, película en la cual Mario Soficci interpreta al otoño. En la misma aparece con su seudónimo de “Jenny Rico”.

Por razones personales decide abandonar su carrera artística profesional ingresando a la firma “Los Gobelinos” como empleada, pero el espíritu artístico de Eugenia Rico hace que, junto a sus compañeros de trabajo, formen un grupo artístico quienes representaron entre otras, las obras: “Bendita Seas”, “Dueña y Señora”, “Los Mirasoles”, etc.

En el Salón Sarmiento mantiene una constante participación activa representando distintos papeles en obras teatrales y recitando gran repertorio de poesías españolas y gauchescas. Forma parte entre otros del grupo teatral “Florencio Sanchez”, bajo la dirección de Enrique Delavalle.

Después de haber participado activamente como colaboradora en distintas instituciones de Villa Madero como: presidenta de la Sociedad de ex alumnos de la Escuela nro. 13, Sociedad de Fomento, Asociación Cristiana de Jóvenes, etc., en 1992 ingresa en el grupo de teatro “Montescos y Capuletos” como asesora artística, volviendo a pisar el escenario en 1997 siendo una de los protagonistas de la obra maestra del suspenso “Trampa para un hombre solo” del autor francés Robert Thomas.

Decía Ismael Álvarez en su libro “De Villa Circunvalación a Villa Madero”: “Se podría decir mucho de Eugenia pero lo voy a sintetizar en pocas palabras, seria como hablar de un prado florido en tiempos de primavera y digo así porque es la estación del año en donde las flores adquieren un color mas firme y vivaz y su perfume mas profundo.

Desde los 4 o 5 años en que se empieza a tener uso de razón, hace ya 75 años la vida de esta chica fue de una primavera eterna”.

Declaraba Eugenia Rico a un diario de Capital fechado 29 de octubre de 1943, cuando le preguntaban por su labor en la película “Cuando la primavera se equivoca”:

“Estaba un poco convencida de mi triunfo... Yo había concebido a la primavera tal como es: juguetona, sonriente, y hasta un poquito picaresca... Como una fiesta de luz, de flores, y de armonías para los jóvenes de espíritu”.

Evidentemente Eugenia era una joven de espíritu y ninguno de los que tuvimos el enorme placer de conocerla podríamos negarlo.



[1] Entrevista realizada por el autor a Ismael Álvarez en el año 1998.

[2] Biaggini Martín, “El Salón Sarmiento”, nota del periódico “Tapiales Hoy”, mayo 1999.

[3] Entrevista realizada por el autor a Trinidad Yañez

[4] Entrevista realizada por el autor a Zulema “Chola” Betiga el 1 de septiembre de 1998.

[5] Entrevista del autor a America Mármol realizada el 14 de junio de 1999.

[6] Entrevista realizada por el autor a Eugenia Rico el 13 de julio de 1997.

[7] Biaggini Martin, “Eugenia Rico, la voz de la primavera”, del periodico “Tapiales Hoy”, septiembre 2003.

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